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DEL “NO ME IMPORTA” AL “ ¡QUÉ IMPORTA …! “, DE LO FALSO A LO AUTÉNTICO


    Para saber si me estoy autoengañando basta con observar si lo que pienso, siento y actúo son una misma cosa. Es fácil verlo en los demás: lo que alguien está diciendo no se corresponde con las emociones que muestran su mirada y en general lo que expresa su cuerpo. Cuando, por ejemplo, decimos "esto no me importa", hay que examinar el tono de voz con el que lo pronunciamos, veremos como prácticamente siempre que decimos esta frase la emoción que le acompaña dice lo contrario: ¿qué sentido tiene poner tanto énfasis en algo que no me importa ...?
    Desvelar el autoengaño en nuestras vidas es un paso fundamental para conocernos: no podemos conocernos desde lo no auténtico. Para afrontar la verdad sobre lo que realmente sentimos hemos de quitarnos la venda de los juicios, es decir, hemos de aprender a vernos desde la inocencia. De alguna manera hay que pasar del "no me importa", fruto de no admitir lo que sentimos, al "¡qué importa ...! " que representa la intención de no dramatizar lo vivido, es decir de no juzgarnos por lo hecho, de no juzgar a los demás por lo que nos han hecho, La primera expresión no admite la herida, la segunda le quita el poder de herirnos a lo ocurrido, y si no hemos podido evitar ser heridos se convierte en un bálsamo de curación.

¡Qué importa!,  pronunciado desde la miradas del corazón nos libera del drama que nos causó la herida,  y deja que ésta se sane de forma natural desde nuestra alegría interior.

    ¿Qué te parece, querido lector, empezar a admitir lo que te duele,  y curarte diciendo desde la inocencia: ¡qué importa! ? Para que la frase sea un bálsamo y sane nuestra herida hay que pronunciarla desde el poder de la Sabiduría de la Inocencia, elevándonos por encima del suelo de los juicios. Ensáyala hasta que seas capaz de pronunciarla como auténtica, hasta que lleve la música de tu propio corazón ...

   



UN FUTURO MÁS ALLÁ DE LOS “DOLORES DE CABEZA”



      Si tienes un dolor de cabeza y piensas en ello tu atención lo estará alimentando. Si con la imaginación te vives fuera de tu malestar, dejando que la sabiduría de tu cuerpo lo resuelva, tu atención empezará a crear una realidad nueva más allá de tu dolor, más allá de tus aprensiones, más allá de los nombres con los que quieras bautizar a tu malestar, más allá de tus miedos …

Imaginarnos más allá de nuestros dolores no es huir de ellos, sino transcenderlos, dejar  al personaje enfermo sin la atención de nuestra mente para permitir a nuestra sabiduría innata sanarnos

     Querido lector, ¿qué pasa cuando toda una sociedad pone su atención es sus “dolores de cabeza” … cuando renuncia a imaginar más allá de ellos …? ¡Cuidado, no hagas ahora un drama de estas palabras! Nadie te puede impedir imaginar más allá de los dramas de tu entorno, Permíteme ahora reformularte la pregunta anterior: ¿qué puede pasar cuando, poco a poco, en una sociedad sus individuos comiencen a imaginar más allá de sus “dolores de cabeza”  …? ¡Sí, en efecto, estarán creando un nuevo futuro basado en una realidad diferente!
     ¿Qué te parece convertirte en un creador de un futuro fresco, más allá de los “dolores de cabeza” …? Puedes empezar hoy mismo con cualquier pequeño dolorcito, sé que puede parecerte demasiado sencillo, pero … ¿por qué imaginar ha de ser difícil …? Ejercitar la imaginación es de lo más inteligente, sin su uso no se pueden cambiar realidades, sin ella no puedes conocer tu auténtico poder ¿Te apuntas …?