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LOS ZAPATOS DE LA MENTE
Nuestra mente es como los pies de un niño: a
medida que crecen necesitan ir aumentando el número de los zapatos que los
acogen. Los zapatos de nuestra mente son las creencias desde las que pensamos y
contemplamos la vida, a nosotros mismos, a los demás y al mundo en general . Querido lector, ¿te
aprietan tus zapatos ... te duelen tus pies en tu caminar cotidiano ...? Tal
vez tengas la tentación de echarle la culpa a los demás, al fin de cuentas es
como fuimos educados, pero ... ¿no es más sencillo y eficaz cambiar el número
de nuestros zapatos ...?
Para caminar en la sociedad
necesitamos "zapatos", estos no han sido hechos a nuestra medida, por
eso muchas veces nos hierven los pies ...
Para andar siendo nosotros mismos
hemos de calzarnos creencias compatibles con nuestra propia esencia, que
no nieguen lo que nuestro corazón nos susurra. La inocencia de nuestro niño
interior, más allá de cualquier educación recibida, nos abre las puertas a una
zapatería propia, a unos zapatos que crecen a la par de nuestros pies, a unos
zapatos que no nos pegan a caminos que no sentimos transitar, a unos zapatos
que sonríen con la vida, a unos zapatos con alas con los que incluso podemos
volar ...
LAS CREENCIAS “ISMO” Y EL PUZLE DE NUESTRA IDENTIDAD
El camino hacia ser nosotros “mismos” comienza por sacar nuestra identidad de las creencias "ismo" y retirar, así, el poder que les cedimos y que ató nuestra mirada a ellas: capitalismo, socialismo, comunismo, catolicismo, judaísmo, islamismo, hinduismo, materialismo, ateísmo, darwinismo, nacionalismo …
Las creencias “ismos”, vividas como una cesión
de nuestra identidad, nos dividen a los humanos, impiden vernos como neuronas
que saben que su poder está en una comunicación abierta con las demás, que
comprenden que el aislamiento las empobrece a todas. Las creencias son
necesarias porque dan direcciones comunes a nuestros pensamientos, nos permiten
crear grandes obras juntos; pero cuando les cedemos nuestra identidad se
convierten en nuestras cárceles, puesto que les otorgamos nuestro don más
preciado: nuestra propia esencia. A partir de ahí lo que pensamos, lo que
sentimos y lo que hacemos empiezan a no estar alineados, nos volvemos incoherentes,
es como si estuviésemos rotos, fragmentados, en trocitos: es el ser humano
desempoderado.
No se trata de juzgar ni de atacar a ninguna creencia, sino de aprender a habitarlas, si así lo deseamos, sin cederles nuestra identidad.
No se trata de juzgar ni de atacar a ninguna creencia, sino de aprender a habitarlas, si así lo deseamos, sin cederles nuestra identidad.
Querido lector, ¿has pensado alguna vez porqué
te falta fuerza para cambiar tu vida …? ¿No será que has fragmentado tu
identidad, y el poder personal que ella representa, en creencias “ismo” …? ¿Qué
te parece empezar a juntar los trocitos de tu identidad, a sacarlos de esas
creencias, y como si de un puzle se tratase, comenzar a colocar cada uno en su
sitio … y reconocerte, así, entero …?
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