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EL CAMINO HACIA NUESTRA IDENTIDAD ESENCIAL
Identificarnos
con algo es renunciar a nuestra identidad esencial. Hemos sido educados para
renunciar a nuestra presencia, fragmentando nuestra identidad en diversas
creencias, hasta el punto de olvidarnos de quién realmente somos: es la danza
de las falsas identidades, de los velos que ocultan nuestro ser...
A
fuerza de bailar al son de músicas que no son la nuestra hemos perdido nuestro
centro, y con él nuestro poder de ser nosotros mismos. ¿De qué sirve defender
tal o cual creencia si no reconocemos a quién la habita? ¿De qué sirve sentirse
orgulloso de pertenecer a una nación o grupo social si no nos pertenecemos a
nosotros mismos? Identificarse con algo
que no sea nuestro propio ser nos convierte en su esclavo, pues le cedemos
nuestra identidad.
Sólo recuperando nuestra presencia
podremos iluminar con sabiduría nuestras creaciones; crear habiendo cedido
nuestra identidad es hacer de nuestras creaciones nuestra celda.
Un ser humano empoderado ha de reconocerse
más allá de su cultura y de su familia, para
poder así recuperar su identidad esencial. Sólo desde ella podrá vivir
siendo él mismo, algo fundamental para lograr su felicidad, a partir de ahí
podrá dar lo mejor de sí mismo a los demás.
Querido lector, ¿qué te parece iniciar el camino hacia tu Ítaca, hacia
tu identidad esencial? A lo largo de él tendrás que renunciar a esos sucedáneos
de identidad con los que te habías confundido, que te habían atado a la
"seguridad" del grupo. Ya no podrás refugiarte en seguridades que
cobran su precio, ni en el papel de víctima. Ya no tendrás que ser oveja del
rebaño, ni tampoco lobo... simplemente serás tú mismo.
RECUPERAR NUESTRA AUTÉNTICA IDENTIDAD
Si aprendemos a retirar
nuestra identidad de las creencias, éstas dejarán de ser nuestras cárceles y
serán simplemente miradores de nuestra mente. Entonces podremos ir de visita a
los "miradores" que nos plazca y hacer nuestra observación, sin que
nuestra percepción queda atada a ella.
La mayoría de los grandes enfrentamientos
entre seres humanos y entre pueblos son debidos a que sentimos nuestra
identidad en peligro cuando alguien ataca alguna de nuestras creencias
fundamentales. Si la historia se empezase a examinar desde este prisma se nos
mostraría mucho más fácil de interpretar, porque estaríamos viéndola desde la esencia de los conflictos
que la han ido configurando.
Una
persona que no sienta en peligro su identidad es muy difícil de manipular y,
además, no tiene necesidad de manipular a nadie. Por eso, regresar nuestra
identidad a nuestra propia esencia es la mejor manera de eliminar los dramas de
nuestra vida, pudiendo así abrir la puerta que nos conduzca a dejar de sentirnos
víctimas.
NACER A NUESTRA PROPIA IDENTIDAD
Ver en el otro un límite a nuestra libertad nos revela hasta que
punto nos hemos encerrado en creencias limitantes sobre nosotros mismos. La
auténtica libertad no es algo que alguien exterior a nosotros nos tenga que
conceder, sino que es fruto de haber alcanzado nuestra propia identidad como
seres únicos.
Cada vez que delegamos nuestra identidad en una creencia atamos nuestra
libertad a ella, este es el motivo de la mayoría de los enfrentamientos entre
seres humanos.
Un
mundo en paz y libertad requiere que cada ser humano sea capaz de nacer a su
propia identidad, sin delegaciones de ningún tipo. Para conseguir esto es
necesario que nos reconozcamos más allá de nuestras creencias y de nuestras
banderas: es el camino hacia el ser humano empoderado.
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