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MÁS ALLÁ DE LA LÁMPARA DE ALADINO ...



     La auténtica libertad no consiste en hacer lo que nos dé la gana, sino en ser auténtico. Cumplir deseos que provengan de los estados de necesidad de nuestro ego nos puede llevar al efecto Lámpara de Aladino: el último deseo es deshacer los anteriores. 


      
Mientras no nos sintamos los creadores de nuestra vida y hagamos de nuestra creatividad el sello de nuestra libertad, buscaremos siempre una lámpara mágica que mitigue nuestra sensación de desamparo frente a la existencia, una lámpara que, al concedernos deseos, nos proporcione una anestesia que duerma nuestra insatisfacción de no saber conectar con nuestro propio poder.

    
  Para ser verdaderamente libre es necesario antes liberar a nuestros deseos de nuestras creencias limitantes y de los estados de necesidad que éstas provocan en nosotros. El camino para conseguirlo pasa por enfrentarnos a la educación que introdujo en nosotros estas creencias y en reeducarnos en abrir el corazón a la vida. En este andar iremos poco a poco acercando la fuente de nuestros deseos a los anhelos de nuestro corazón, esto aclarará nuestro horizonte lo suficiente como para ver en él los sueños que llevan el perfume de nuestra esencia. A medida que caminemos hacia eses sueños iremos notando en nosotros la presencia de unas alas, son las alas de una nueva libertad, la libertad de despegar de aquellas cosas a las que les habíamos cedido nuestro poder y que lejos de hacernos felices negaban nuestro sentir más profundo. Ya no tendremos la necesidad de hacer lo que nos dé la gana, por la sencilla razón de que no necesitaremos ninguna lámpara mágica de los deseos, ¿quién la necesita cuando ya vuela libre ...?



SIN VESTIMENTAS QUE OCULTEN TUS ALAS


     Cuando empleamos la fuerza de la dualidad para intentar escapar de las prisiones de nuestra cotidianidad aumentamos por reacción la fuerza de los barrotes. En cambio cuando trascendemos la dualidad con el poder de nuestro corazón los barrotes ceden ante su ímpetu, como la cáscara del huevo cede ante la vida que cobijó: la naturaleza del corazón es la libertad y no hay prisión que pueda encerrarlo.


   Querido lector, no luches contra los barrotes, despliega simplemente las alas de tu libertad y vuela ... allá a donde tu corazón anhele. La auténtica libertad no se conquista luchando, sino ejerciéndola en cada uno de nuestros pasos. Ser libre es ser tú mismo, sin máscaras, sin victimismos, sin juícios, sin responsabilidades que no son tuyas ...  en definitiva, sin vestimentas que oculten tus alas.

(Dedicado a Bel Siquier, que me ha proporcionado gentilmente la imagen)