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NO EXISTE EL PECADO ORIGINAL, SINO CREENCIAS "TERRORISTAS"


     Dentro de nosotros hay creencias "terroristas" que nos sabotean para que no seamos plenamente felices. Mientras estemos distraídos buscando afuera culpables de nuestra infelicidad, no podremos atrapar al "terrorista" que llevamos dentro. Son creencias muy escurridizas, para poder detectarlas y desarmarlas hemos de crear en nuestra mente un observador sin juicios y disfrutar del proceso de "caza".
    Estas creencias penetraron en nosotros en la más tierna infancia, sin que tuviésemos posibilidades de filtrarlas, se anclaron en el trasfondo de nuestra mente y, desde ahí, desfocalizan nuestra mirada para dificultar que encontremos nuestros horizontes personales de felicidad. Parte de ellas tienen como fin desvalorizarnos, haciendo que no sepamos amarnos y respetarnos a nosotros mismos. Como todas estas creencias están presentes prácticamente en todas las personas nos quedamos sin contraste para verlas, por eso es necesario hacer un proceso de autoconocimiento y crear el observador del que hablábamos antes.


Las creencias "terroristas" entraron en nosotros, perfectamente camufladas, a través de nuestros seres queridos, que muchas veces nos las trasmitieron envueltas en el papel de "regalo" de "lo hago por tu bien". Ellos no son culpables de esto, pues no fueron conscientes de lo que hacían. 
    ¡Cuántas veces hemos creído que fallábamos nosotros, por no saber que llevamos dentro estas creencias saboteadoras de nuestra felicidad! Como educadores hemos de ser conscientes de todo esto, si no queremos que nuestros hijos y alumnos sufran igual que nosotros y sigan echándose las culpas por algo de lo que no son responsables: no existe el pecado original, sino creencias terroristas.



DEL PECADO ORIGINAL A LA INOCENCIA PRIMITIVA


     Mientras busquemos culpables de nuestros males no podremos sentirnos creadores de nuestra vida, por la sencilla razón de que les  estaremos cediendo nuestro poder creador. No juzgar a las personas es más que un acto de bondad, es un acto de libertad. En el juego de la dualidad el juicio sobre nosotros mismos y sobre los demás es la fuerza de gravedad que nos mantiene pegados al suelo de los dramas: más juicio, más peso dramático. Una nueva vida de auténtica libertad se abre ante quien asume esta realidad y el compromiso de cambiarla. La excusa de creer que no se tiene tiempo para acometer este cambio de la realidad propia no es más que una hábil maniobra de nuestros personajes adictos al drama. No es verdad que nuestros problemas creen el drama, es nuestra visión dramática de la vida la que crea nuestros problemas.

Ver, sentir, liberados del juicio, es reconocer nuestras alas de libertad
     Querido lector, ¿qué te parece abandonar el escenario del drama y contemplar la vida fuera de él …? , ¿qué opinas de aprender a sonreír desde la alegría inocente del corazón …? , ¿cómo sería tu vida sin las cadenas del autojuicio y del juicio a los demás …  sin tener que caminar por la pegajosas tierras de la dualidad ?, ¿cuántas cosas podrías crear en el tiempo que antes dedicabas al absurdo arte de juzgar …?, ¿cómo verías a tus seres próximos sin juicios …qué nuevas facetas descubrirías en ellos …. y en ti mismo …? Sería como volver a nacer, pero en vez de con el pecado original con la inocencia primitiva.