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DEL PECADO ORIGINAL A LA INOCENCIA PRIMITIVA


     Mientras busquemos culpables de nuestros males no podremos sentirnos creadores de nuestra vida, por la sencilla razón de que les  estaremos cediendo nuestro poder creador. No juzgar a las personas es más que un acto de bondad, es un acto de libertad. En el juego de la dualidad el juicio sobre nosotros mismos y sobre los demás es la fuerza de gravedad que nos mantiene pegados al suelo de los dramas: más juicio, más peso dramático. Una nueva vida de auténtica libertad se abre ante quien asume esta realidad y el compromiso de cambiarla. La excusa de creer que no se tiene tiempo para acometer este cambio de la realidad propia no es más que una hábil maniobra de nuestros personajes adictos al drama. No es verdad que nuestros problemas creen el drama, es nuestra visión dramática de la vida la que crea nuestros problemas.

Ver, sentir, liberados del juicio, es reconocer nuestras alas de libertad
     Querido lector, ¿qué te parece abandonar el escenario del drama y contemplar la vida fuera de él …? , ¿qué opinas de aprender a sonreír desde la alegría inocente del corazón …? , ¿cómo sería tu vida sin las cadenas del autojuicio y del juicio a los demás …  sin tener que caminar por la pegajosas tierras de la dualidad ?, ¿cuántas cosas podrías crear en el tiempo que antes dedicabas al absurdo arte de juzgar …?, ¿cómo verías a tus seres próximos sin juicios …qué nuevas facetas descubrirías en ellos …. y en ti mismo …? Sería como volver a nacer, pero en vez de con el pecado original con la inocencia primitiva.




DE LA LUZ DE LA EXPERIENCIA A LA DE LA INOCENCIA, UNA SALIDA A CUALQUIER CRISIS


       Querido lector, si en estos momentos hay problemas de los que no  sabes salir probablemente sea debido a tu experiencia, Sí, has leído bien ... hemos sido educados en la dualidad y eso nos ha llevado a considerar a unas  palabras como enteramente positivas y a otras como enteramente negativas, de esta forma podemos jugar a lo bueno y a lo malo y así construir y vivir nuestros dramas. 
       La experiencia nos habla de unos resultados interpretados por unas expectativas que, a su vez, son fruto de unas determinadas creencias, basadas en su mayor parte en la dualidad. Cuando entramos en una crisis significa que la experiencia ha dejado de servirnos como faro que ilumina nuestro andar hacia el futuro, que es lo mismo que decir que nuestras interpretaciones de la vida han dejado de lucir, la experiencia no puede decidir nuestros próximos pasos. 
       LLegados a este punto no tenemos que desesperarnos porque la experiencia no es ni mucho menos todo, es sólo una parte de nuestra sabiduría, la podríamos llamar la del maduro. En nuestro interior vive otra sabiduría que nace de más allá de nuestras experiencias, es en sí misma una mirada pura en el sentido de no estar divida por la dualidad y sus juicios, es la sabiduría de la inocencia, la que posee nuestro niño interior. Este saber es el faro que hemos de encender cuando la luz de nuestra experiencia declina, con él somos capaces de ver futuros no limitados por la "prudencia" del maduro, cuando alcanza la suficiente potencia tiene el poder de desvelarnos, ahí delante... , los más hermoso y atrevidos sueños.


       La luz de la inocencia nos puede mostrar ignotos caminos, en los que adquiriremos nuevas experiencias que servirán a nuestro maduro para desarrollar nueva sabiduría:  las sabidurías se apoyan entre sí.
       Así que ya ves, querido lector, no te desanimes si tu experiencia no sabe sacarte de algo, sencillamente esto es el indicador de que ha llegado el momento de consultar con ese niño/niña que todos llevamos dentro y dejar que su luz nos muestre nuevos caminos. Si confiamos suficientemente en él no sólo nos sacará de nuestros problemas "imposibles", sino que puede incluso hacerlo mostrándonos sueños que ni imaginábamos poseer. Ahora bien, para arrancar esos sueños, para iniciar sus primeros pasos, necesitaremos del arrojo de otra sabiduría: la de nuestro adolescente interior, pero eso será tema para otro día ... 

  
 
 

EL NIÑO QUE SE CONVIRTIÓ EN REY MAGO

      Erase una vez, hace muchos años …  que un niño oyó decir a alguien que los reyes no eran de verdad, sino que eran los mismos padres haciéndose pasar por ellos. Lejos de decepcionarse, al niño le pareció fantástico, sintió que era la mentira más maravillosa del mundo, y le entraron tantas ganas de ser Rey Mago que no estaba dispuesto a esperar a ser padre. En secreto fue comprando regalos para sus padres, en la noche mágica estaría bien despierto y cuando sus padres hubiesen dejado los regalos y se hubiesen vuelto a dormir, él pondría los suyos.





     A medida que los iba escondiendo en los sitos más insospechados, sentía que su corazón se ensanchaba. Tan ilusionado estaba que sus padres, sin sospechar nada, le tuvieron que decir varias veces que debía escribir la carta a los reyes.
     El día de Reyes los padres fueron a despertar a su hijo, le acompañaron hasta el comedor y le abrieron la puerta. Estaban tan atentos a contemplar la cara del niño, esperando ver su sorpresa, que no se apercibieron de los regalos que había para ellos. Entonces el hijo les dijo:
 - ¡Vaya, no me dijisteis que vosotros también habíais escrito una carta a los reyes ! ¡ Qué calladito os lo teníais !
   Los padres se miraron entre sí , confusos por las palabras, y poco a poco fueron descubriendo una gran cantidad de regalos en los que ponía sus nombres
 - Pero … ¿cómo es posible? – Balbuceo el padre
 - Pero … ¿quién ha hecho esto …? . Preguntó la madre
 - ¡Pero qué tonterías decís … ! ¡Han sido los Reyes Magos! ¿Quién si no …?
     Los padres comprendieron por vez primera quiénes eran realmente los reyes, en su ignorancia de adultos pensaban que lo sabían, pero sólo la sabiduría del niño puede comprenderlo de verdad.
    Querido lector, la estrella que siguieron los tres reyes era la inocencia del corazón. Por eso, para convertirse en Rey Mago  no es imprescindible el dinero, ni siquiera esperar a que el otro escriba una carta pidiendo sus regalos, es mucho más sencillo, y lo mejor de todo: está al alcance de cualquiera, sea cual sea su condición económica, tan solo hay que aprender a seguir a la estrella correcta, tal como hizo nuestro niño del cuento, que descubrió que el secreto no está en regalar, sino en regalarse abriendo nuestro corazón, en el que existe una abundancia a prueba de crisis.
    El niño no esperó a ser padre, tampoco nosotros tenemos que esperar al día de Reyes, ¿qué te parece empezar a ser Rey Mago hoy mismo? Siéntete  como tal,  y verás como las ideas empezarán a brotar en tu mente con la misma abundancia con la que los tres magos reparten regalos sin cesar, es la magia del corazón que nos hace a todos reyes y magos.