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NO HAY QUE VENCER A LOS MIEDOS, TAN SOLO HAY QUE ATRAVESARLOS
El miedo es como una densa niebla que no
nos deja ver, pero que en realidad no
nos puede impedir caminar, precisamente el dar un paso tras otro es lo que nos
saca finalmente de la niebla.
Te
preguntarás, querido lector, qué como puedo andar si no veo por dónde voy; ahí
está precisamente la gracia de todo esto: el no ver con los ojos nos invita a
hacerlo con el corazón. Sus luces son verdaderos faros antinieblas. Cuando el
miedo te paralice continúa andando, él no tiene densidad para pararte, y
enciende tus "faros
antiniebla", abre tu corazón. Sí, ya sé que parece demasiado fácil, pero
es que el miedo nada puede ante el poder inocente, sin juicios, del corazón.
Pruébalo, es simple y sencillo, no te dejes enredar por el laberinto de la
mente, ya me contarás ...
EL NIÑO QUE SE CONVIRTIÓ EN REY MAGO
Erase una vez, hace muchos años …
que un niño oyó decir a alguien que los reyes no eran de verdad, sino
que eran los mismos padres haciéndose pasar por ellos. Lejos de decepcionarse,
al niño le pareció fantástico, sintió que era la mentira más maravillosa del
mundo, y le entraron tantas ganas de ser Rey Mago que no estaba dispuesto a
esperar a ser padre. En secreto fue comprando regalos para sus padres, en la noche
mágica estaría bien despierto y cuando sus padres hubiesen dejado los regalos y
se hubiesen vuelto a dormir, él pondría los suyos.
A
medida que los iba escondiendo en los sitos más insospechados, sentía que su
corazón se ensanchaba. Tan ilusionado estaba que sus padres, sin sospechar
nada, le tuvieron que decir varias veces que debía escribir la carta a los
reyes.
El día de Reyes los padres fueron a despertar a su hijo, le acompañaron
hasta el comedor y le abrieron la puerta. Estaban tan atentos a contemplar la
cara del niño, esperando ver su sorpresa, que no se apercibieron de los regalos
que había para ellos. Entonces el hijo les dijo:
-
¡Vaya, no me dijisteis que vosotros también habíais escrito una carta a los
reyes ! ¡ Qué calladito os lo teníais !
Los padres se miraron entre sí , confusos por las palabras, y poco a
poco fueron descubriendo una gran cantidad de regalos en los que ponía sus
nombres
-
Pero … ¿cómo es posible? – Balbuceo el padre
-
Pero … ¿quién ha hecho esto …? . Preguntó la madre
-
¡Pero qué tonterías decís … ! ¡Han sido los Reyes Magos! ¿Quién si no …?
Los padres comprendieron por vez primera quiénes eran realmente los
reyes, en su ignorancia de adultos pensaban que lo sabían, pero sólo la
sabiduría del niño puede comprenderlo de verdad.
Querido lector, la estrella que siguieron los tres reyes era la
inocencia del corazón. Por eso, para convertirse en Rey Mago no es imprescindible el dinero, ni siquiera
esperar a que el otro escriba una carta pidiendo sus regalos, es mucho más
sencillo, y lo mejor de todo: está al alcance de cualquiera, sea cual sea su
condición económica, tan solo hay que aprender a seguir a la estrella correcta,
tal como hizo nuestro niño del cuento, que descubrió que el secreto no está en
regalar, sino en regalarse abriendo nuestro corazón, en el que existe una
abundancia a prueba de crisis.
El
niño no esperó a ser padre, tampoco nosotros tenemos que esperar al día de
Reyes, ¿qué te parece empezar a ser Rey Mago hoy mismo? Siéntete como tal,
y verás como las ideas empezarán a brotar en tu mente con la misma
abundancia con la que los tres magos reparten regalos sin cesar, es la magia
del corazón que nos hace a todos reyes y magos.
LOS DONES DE LA SONRISA
Cuando sonreímos de corazón no sólo se nos ilumina el rostro, también
nuestra mirada es luz, adquiere sus propiedades y es capaz de penetrar las más
oscuras tinieblas, diluyendo cualquier miedo.
Mientras seamos capaces de sonreír nada nos puede hacer daño, porque más
allá de lo que estemos pensando contamos con el poder de nuestro corazón. Cuando nos vean sonreír donde los otros se
quejan sabrán que ninguna realidad exterior nos puede dominar, y se preguntarán
que cuál es nuestro secreto.
El secreto de poder sonreír siempre es sentirnos unidos a nuestra esencia, sabemos que ella es una fuente inagotable de luz y que es nuestra auténtica identidad. Si alguna vez dudamos de ello nos bastará buscar la sonrisa de un niño y dejarnos bañar en ella, automáticamente nuestra propia inocencia nos llevará de la mano hacia nuestra sonrisa salvadora.
Cuando la densidad de nuestros problemas haga plomo nuestros pensamientos
es el momento de subirnos en el globo de nuestra sonrisa, poco a poco, iremos
reconociendo el lastre que nos ata a un territorio que no deseamos, y podremos
dejarlo caer, ganando así la altura desde la cual nuestra inteligencia pueda
tener la suficiente perspectiva para sernos útil.
Si discrepamos de alguien y no sabemos cómo
decírselo para que no se enfade, el poder de la sonrisa vuelve a ser nuestro
mejor aliado; nos resultará mucho más eficaz y sobre todo auténtico que el
empleo de mil justificaciones.
En
el momento de despedir a un ser querido cualquier palabra o silencio quedará
iluminado por nuestra sonrisa, y podremos darle lo más necesario en el trance
de la muerte: luz y compañía.
Si
después de un telediario dudamos de nuestra propia humanidad, substituyamos la
pantalla del televisor por un espejo y contemplémonos a la luz de nuestra
sonrisa … volveremos a confiar en la belleza del ser humano.
Querido lector, si alguna vez entras en el pozo de la desesperación
recuerda los dones de tu sonrisa, mira hacia arriba e impúlsate con su luz …
ninguna fuerza de gravedad puede oponerse a su poder.
DE LAS EMOCIONES DEL EGO A LAS DE NUESTRO CORAZÓN
Hay un
lago en nuestro interior en cuyas aguas se expresan nuestras emociones. Cuando
recibimos una caricia se produce un suave aire sobre él, que riza el agua, su
contemplación nos produce placidez … La atracción por otra persona revoluciona
las aguas, las tiñe de pasión, nuestro mar interior se embravece en todas las
direcciones, parece que su espacio es insuficiente. La muerte de un ser querido
produce un vórtice en forma de sumidero por el que parece marcharse el agua, el
nivel de nuestro lago puede descender hasta hacerlo peligrar, hasta quedarse
sin el fluido en el que puedan vibrar nuestras emociones. Todos estos sucesos
son causados por la resonancia de nuestro ego con lo que acontece fuera, el
agua es movida por causas superficiales, nada sabemos de lo que ocurre en su
fondo, de las semillas que esperan brotar de él.
Pero a
veces sobre las aguas aparece un tallo verde, con sus raíces ancladas en el
fondo oculto a nuestro ego. De forma elegante y pausada recibe la luz del día,
de la vida de fuera, y cuando llega el momento se abre para regalarnos una
flor. Todo el lago se estremece, reconoce en ella el misterio de la tierra que
le sustenta y se pregunta de dónde proviene tanta belleza. Las aguas vibran,
pero ya no por emociones causadas por el ego, sino por el sentir del corazón.
Dos tipos
de emociones con orígenes muy diferentes que terminan en nuestro lago, unas nacidas
en las creencias que estructura nuestro ego, y otras en nuestro corazón, que
traen con ellas el aroma de nuestra verdadera esencia. Las primeras están
impregnadas de la gravedad del mundo de la dualidad, de la división, por eso su
alegría tarde o temprano es contrarrestada por el sufrimiento. “Las flores de
nuestras emociones” no están sujetas a ninguna polaridad, por eso nos dan sin
esperar nada a cambio, expresarlas nos otorgan felicidad, abriendo además
nuestra mente a la sabiduría.
Si las
aguas de nuestro lago están constantemente agitadas por las emociones de un ego
desconectado de nuestro corazón, desempoderado, no van a permitir que las
flores puedan brotar sobre su superficie. Hay que calmarlas buscando la belleza
exterior, que sin duda, tarde o temprano, terminará seduciendo a la nuestra
propia, que buscará el camino entre las aguas para mostrarse a la vida.
¿Qué te
parece, querido lector, hacer brotar en tu lago las flores de las emociones…?
Se dice que si las regalas aumenta el número de las que brotan, debe ser la
magia del corazón…
LA AUTÉNTICA OBJETIVIDAD SÓLO ES POSIBLE DESDE EL CORAZÓN
La
educación que hemos recibido tiene sus raíces en la dualidad, esto se refleja
en todos los ámbitos de nuestra vida. Cuando pensamos desde miradas sumergidas
en la dualidad la tensión entre los polos nos hace imposible una verdadera
objetividad, ya que el punto medio es sólo una realidad geométrica, que lo
único que pone de manifiesto es precisamente el poder de los polos sobre
nuestra decisiones; como ejemplo de esto basta contemplar una disputa política
en cualquier parlamento del mundo. Para escapar de este juego hemos de crear
creencias que no tengan su sustrato en la dualidad, los Nuevos Paradigmas del
Conocimiento es el campo en el que estas creaciones se están llevando a cabo.
Pero
mientras tanto, ¿qué podemos hacer para ser más objetivos? Hay una parte
nuestra que vive más allá de la dualidad: el corazón. Éste no puede ser
sometido por los polos, por la sencilla razón de que conoce y reconoce a todas
nuestras partes, sin ningún tipo de
juicio. La ausencia de juicio, la mirada inocente, es la que permite una
auténtica objetividad.
![]() |
| En esta imagen tenemos un ejemplo del gran poder de la objetividad del corazón |
Puede que
en estos momentos, querido lector, estés pensando: todo es muy bonito, pero con
determinadas emociones es imposible ser objetivo. Las emociones no tienen
porqué provenir de nuestro corazón, de hecho, la mayoría de las que habitamos
cotidianamente son fruto de nuestras creencias y de los juicios que éstas
provocan en nosotros, es decir, son sustentadas por la dualidad, precisamente
por eso nos suelen ocasionar tantos conflictos, Lo que nos confunde respecto a
su origen es la gran velocidad con la que sobrevienen sobre nosotros, muchísimo
más grande que la de los pensamientos. El “pienso luego existo” nos ha hecho
creer que decidimos pensando, pero cada vez parece más claro para los
neurocientíficos que los pensamientos suelen ser más un medio de justificar
nuestras acciones- pasadas, presentes y futuras- frente a nuestras creencias;
ya que decidir en contra de ellas nos crea inseguridad.
Sentir
desde el corazón genera en nuestro cuerpo un tipo de emociones muy diferentes,
éstas no necesitan ser justificadas, escapan al poder de nuestras creencias
limitantes. Por eso, todo auténtico sabio conoce que la clave del verdadero
discernimiento, la gran objetividad, reside en el corazón.
Para
llegar al corazón de una forma cotidiana hemos de realizar un trabajo sobre
nuestras creencias: hacerlas transparentes a la luz de nuestro sentir,
elevarlas fuera del alcance de la dualidad, para permitirnos, así, acceder a
nuestra propia sabiduría, sólo entonces podremos hablar de auténtica
objetividad. ¿Te apetece el camino …? He de advertirte que el ir separándose de
la gravedad de la dualidad suele provocar algún que otro vértigo … pero no te
preocupes, con la práctica terminas acostumbrándote.
DESARMANDO A LA "AUTORIDAD" QUE NOS MANTIENE COMO SÚBDITOS
En
nuestro ego vive una “autoridad” encargada de hacernos olvidar que toda cultura
o sociedad, que se genere a través de
unos mitos y de unas reglas, no es más que un juego que hemos aceptado habitar.
Esta autoridad nos obliga a comportarnos como “adultos”, es decir, a confundir
el juego con una realidad inalterable, nos convierte en súbditos del juego en
vez en creadores del mismo. Es como estar obligados a jugar una partida, nos
guste o no, y sea cual sea el resultado para nosotros.
En este
vivir en el olvido se llama listos a aquellos que triunfan en el juego. La
educación se diseña para crear súbditos, eso sí, lo más “listos” posibles. Un
sabio se reconoce porque recuerda que está jugando, y porque es consciente de que el ser humano ha de estar siempre
por encima de sus juegos.
Lo más
duro de esta situación es perder el contacto con nuestra verdadera esencia,
proyectar nuestra identidad en valores y creencias que refuerzan el juego, pero
que nos debilitan al alejarnos de nuestro verdadero sentir, nos convertimos en
seres humanos desempoderados.
La
autoridad nos obliga a seguir las reglas, ¿nos obliga, tiene realmente ese
poder …? Sólo si seguimos en el olvido de que estamos jugando. Para recordar …nada
mejor que ir en post de la sabiduría de la niñez, el poder de la inocencia
impide a la "autoridad" hacernos sentir culpables.
¿Qué te
parece recordar más allá de las reglas, permitirte sentir quien realmente eres,
no dejarte someter por los guardianes del juego …? Te preguntarás qué puedes
hacer tú sólo si abandonas el juego, la respuesta a ello está en tus sueños,
ellos nacen más allá de las reglas que te limitan, en tu corazón. Como un
corazón jamás está aislado de los otros, tus sueños son piezas que encajarán
con los sueños de otras personas, que también se han cansado de los viejos
juegos. Todos los sueños que esperan ser reconocidos en nuestra mente son
piezas del rompecabezas con el que formaremos una nueva humanidad, en ella no
sufriremos de amnesia y en vez de haber “listos” seremos todos sabios. ¿Te
apetece …?
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