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LA MAYOR GENEROSIDAD: SER AUTÉNTICO
Ser uno mismo, más allá de nuestras raíces
culturales y familiares, de cualquier necesidad de identidad del ego, es básico
para el proceso de conectar con nuestra propia esencia y para sentirnos creadores de una nueva humanidad libre de dramas, una humanidad en la que cada persona
pueda brillar como astro con luz propia, y en la que no se tenga que luchar por defender ninguna identidad ajena a nuestra esencia.
Querido
lector, ¿te atreves a sentirte más allá de tus raíces, caminar hacia tu esencia
y descubrirte como un ser único, cuyo mayor regalo hacia los demás es
ofrecerles tu propia autenticidad ...? No tengas miedo de ser egoísta, pues
quien ofrece a la humanidad su mayor tesoro no puede serlo.
EL NIÑO QUE SE CONVIRTIÓ EN REY MAGO
Erase una vez, hace muchos años …
que un niño oyó decir a alguien que los reyes no eran de verdad, sino
que eran los mismos padres haciéndose pasar por ellos. Lejos de decepcionarse,
al niño le pareció fantástico, sintió que era la mentira más maravillosa del
mundo, y le entraron tantas ganas de ser Rey Mago que no estaba dispuesto a
esperar a ser padre. En secreto fue comprando regalos para sus padres, en la noche
mágica estaría bien despierto y cuando sus padres hubiesen dejado los regalos y
se hubiesen vuelto a dormir, él pondría los suyos.
A
medida que los iba escondiendo en los sitos más insospechados, sentía que su
corazón se ensanchaba. Tan ilusionado estaba que sus padres, sin sospechar
nada, le tuvieron que decir varias veces que debía escribir la carta a los
reyes.
El día de Reyes los padres fueron a despertar a su hijo, le acompañaron
hasta el comedor y le abrieron la puerta. Estaban tan atentos a contemplar la
cara del niño, esperando ver su sorpresa, que no se apercibieron de los regalos
que había para ellos. Entonces el hijo les dijo:
-
¡Vaya, no me dijisteis que vosotros también habíais escrito una carta a los
reyes ! ¡ Qué calladito os lo teníais !
Los padres se miraron entre sí , confusos por las palabras, y poco a
poco fueron descubriendo una gran cantidad de regalos en los que ponía sus
nombres
-
Pero … ¿cómo es posible? – Balbuceo el padre
-
Pero … ¿quién ha hecho esto …? . Preguntó la madre
-
¡Pero qué tonterías decís … ! ¡Han sido los Reyes Magos! ¿Quién si no …?
Los padres comprendieron por vez primera quiénes eran realmente los
reyes, en su ignorancia de adultos pensaban que lo sabían, pero sólo la
sabiduría del niño puede comprenderlo de verdad.
Querido lector, la estrella que siguieron los tres reyes era la
inocencia del corazón. Por eso, para convertirse en Rey Mago no es imprescindible el dinero, ni siquiera
esperar a que el otro escriba una carta pidiendo sus regalos, es mucho más
sencillo, y lo mejor de todo: está al alcance de cualquiera, sea cual sea su
condición económica, tan solo hay que aprender a seguir a la estrella correcta,
tal como hizo nuestro niño del cuento, que descubrió que el secreto no está en
regalar, sino en regalarse abriendo nuestro corazón, en el que existe una
abundancia a prueba de crisis.
El
niño no esperó a ser padre, tampoco nosotros tenemos que esperar al día de
Reyes, ¿qué te parece empezar a ser Rey Mago hoy mismo? Siéntete como tal,
y verás como las ideas empezarán a brotar en tu mente con la misma
abundancia con la que los tres magos reparten regalos sin cesar, es la magia
del corazón que nos hace a todos reyes y magos.
ANDANDO SE HACE HOGAR
Nuestra presencia no requiere de nuestro cuerpo físico, es algo sutil con lo que impregnamos el ambiente y que puede permanece en un lugar aunque nos hayamos marchado. En toda creación hecha desde el corazón dejamos nuestro aroma para siempre, por eso una obra de arte es por naturaleza inmortal.
Convertir un
lugar en íntimo no requiere más que depositar nuestra esencia en él, por eso
podemos convertir el sitio más inhóspito en acogedor. Sin embargo, el palacio
más suntuoso lo sentiremos como frío si nadie ha sido capaz de presenciarlo con
su amor.
Hacer de nuestras
casas un oasis de paz y alegría, en el que nos podamos reconocer cada uno de
los miembros de la familia, es convertirlas en un auténtico lugar de sanación
en el que reponernos de las heridas de la dualidad.
Si cada paso que
andamos en la vida lo llenásemos de
nuestra presencia nos sentiríamos en nuestro hogar en todos los sitios. Una
humanidad en la que todos nos sintiésemos en el hogar no tendría nada que temer
y, por fin, los unos podríamos confiar en los otros sin límites.
¿Qué te parece ir
llenando de tu presencia los lugares más habituales, extendiendo así tu hogar…?
Sería divertido invitar a alguien a sentarse a tu lado en un parque público,
sintiendo que lo estás haciendo en el sofá de tu casa, y hablarle de las
plantas y árboles que os rodeasen como de tu jardín. Ante ti tendrías todo un
mundo para convertir en tu hogar, un hogar que no sólo sería tuyo, sino de
todos los que lo sintiesen como tal.
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