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DE SER A SER HUMANO: TODO UN ACTO DE VALENTÍA


    Encerramos a parte de nuestro ser en un limitado cuerpo físico aislándolo del resto del universo, luego abrimos en ese cuerpo las ventanas de lo que llamamos sentidos, y al resultado lo llamamos ser humano.

  Querido lector: pasar de ser a ser humano, encerrarnos en el adjetivo para vivir nuestra grandeza desde la pequeñez, es un acto de gran atrevimiento que nos convierte a todos los humanos en valientes. Te invito a que cuando los dramas de tu vida te aprieten recuerdes que eres más que el adjetivo de humano, que tu valentía está probada por el simple hecho de haberte atrevido a vivir la aventura humana y que, por todo ello, siempre eres más grande que tus problemas.


Todo ser humano es un valiente por el mero hecho de nacer, nacer sin saber quién es y dispuesto a asumir las identidades que les prestan los clanes que le acogen y le educan. Partiendo de este reto el ser humano camina tratando de conocerse a sí mismo, de empoderarse desde su vulnerabilidad, de encontrar su propia luz, su propia identidad como ser único: somos héroes, héroes de nuestra propia aventura, a partir de ser conscientes de ello el reto está en disfrutar la aventura de ser humano en plenitud.



LA MAYOR GENEROSIDAD: SER AUTÉNTICO



    Ser uno mismo, más allá de nuestras raíces culturales y familiares, de cualquier necesidad de identidad del ego, es básico para el proceso de conectar con nuestra propia esencia  y para sentirnos creadores de una  nueva humanidad libre de  dramas, una humanidad en la que cada persona pueda brillar como astro con luz propia, y en la que no se tenga que luchar por defender ninguna identidad ajena a nuestra esencia. 


     Querido lector, ¿te atreves a sentirte más allá de tus raíces, caminar hacia tu esencia y descubrirte como un ser único, cuyo mayor regalo hacia los demás es ofrecerles tu propia autenticidad ...? No tengas miedo de ser egoísta, pues quien ofrece a la humanidad su mayor tesoro no puede serlo.




LA BÁSCULA PESA DRAMAS: UN JUEGO MUY ÚTIL …



    Una cosa es ver dramas en la tele y otra muy distinta enredarse en ellos en nuestra vida cotidiana. En el primer caso, al ver el espectáculo desde la barrera, podemos darnos cuenta de cómo las personas interpretamos personajes que poco a poco se van apoderando de nosotros, siguiendo un guión que nos mantiene atados al drama: el actor está muy lejos de sentirse el creador de su vida, más bien la padece, entrando en un laberinto del cual es cada vez más difícil salir. Querido lector, ¿te suenan estas situaciones laberínticas en las que las culpas van y vienen, como si estuviésemos jugando una partida de ping pong, buscando que el otro se quede con la culpa ….?


   Fuera de la pantalla, cuando nuestras emociones dificultan nuestra observación, cuando estamos más preocupados de que el otro se quede con la culpa que de entender qué está pasando, nuestra objetividad queda fuera de juego y nuestros personajes dramáticos se apoderan de nosotros, ya no respondemos sino que reaccionamos siguiendo viejos papeles, esos que las grandes plumas han descrito tan bien.
     ¿Qué podemos hacer para evitar ser meros personajes de ficción, para sentirnos creadores del encuentro y no perdernos en el viejo laberinto de los dramas …? No te desanimes, querido lector, pues poseemos una poderosa herramienta para salir de las realidades que no nos gustan: nuestra imaginación. Pongámosla en marcha …


     Imagínate una báscula bajo tus pies que en vez de medir el efecto de la gravedad terrestre sea capaz de medir tu peso dramático en cada momento. Cuando empieces una conversación tan solo tienes que ir mirándola de vez en cuando, observando lo que marca, en el momento en el que veas que sus dígitos comienzan a subir despliega tu observación sobre lo que estás diciendo o de cómo estás recibiendo lo que el otro te dice. Mantén a raya tu “peso” para evitar que tus personajes dramáticos tomen el control. Fíjate cómo cada vez que juzgas el peso se dispara, incluso cuando juzgas haber juzgado; para evitar esto tienes que tomar esta experiencia con la báscula como un juego, como algo a disfrutar, para lograrlo deja libre a tu niño interior.
   Será divertido ver la cara de sorpresa de tu interlocutor cuando repetidamente mires hacia el suelo buscando lo que registra la báscula, es un juego, ¡disfrútalo! Los personajes dramáticos no pueden dominarnos si estamos disfrutando, es el poder de la alegría. Te invito a probar esta mágica báscula, a hacerla tuya creando variantes del juego. Ya me contarás … 
   
  

DESPEGÁNDONOS DE LA TIERRA DE LA INFELICIDAD


        La idea de progreso es relativa a nuestras creencias de lo que nos conviene. Así hay personas que piensan que aumentar el consumo es caminar hacia la abundancia, para otras es todo lo contrario. Primero definimos las reglas del juego, luego nos olvidamos que es un juego y finalmente quedamos atrapados en él, en nuestras propias normas. Entonces, empujados por la dualidad y sus juicios, buscamos culpables, iniciando un círculo vicioso: el drama está servido.
        Buscar la salida a la crisis sin revelar las reglas del juego en la que nos hemos quedado atrapados es condenarnos a seguir echándonos las culpas. Claro que en nuestra educación nadie nos habló de que había unas reglas que aceptamos sin ser conscientes: los libros, las asignaturas, el entorno … nos susurraban constantemente “esto es lo que hay”. Para rematarlo aceptamos aquello de “adaptarse al medio”, pues nos venía de manos de las poderosas creencias científicas, revestidas de verdades y de progreso.
        Está claro que no éramos conscientes, pero ahora, querido lector, ya lo somos. ¿Vamos a seguir jugando a lo mismo o empezamos a cambiar las “reglas” …? No hay que esperar a que nadie nos dé permiso, ni que empiecen otros. ¿Qué te parece comenzar por examinar las reglas que tú mismo te has impuesto y que hoy mismo ibas a seguir al pié de la letra …? Mientras vas para el trabajo, o estás en el cuarto de baño, puedes empezar a enumerarlas. Sí, ya sé que dirás que no puedes incumplir la mayoría, porque eso te privaría de cosas “necesarias, “imprescindibles”, pero ahora viene el plato fuerte: detrás de esas cosas irrenunciables hay más normas que te has impuesto, normas más difíciles de ver, más subterráneas … que son las raíces que te mantienen pegado a una “tierra” en la que no eres feliz. Atrévete a mirarlas, sin juzgarte, pues eso te ataría más a ese suelo … sonríe, disfruta como un científico que está realizando el descubrimiento de su vida, disfrútalo.


      Una vez hayas reconocido tus “raíces ” tira de ellas con la inocencia del niño, con la intrepidez y atrevimiento del adolescente, con la experiencia del adulto y con la visión integradora de la vejez. Con tan grandes sabidurías y con el poder de tu corazón ¿quién o qué puede oponerse a tu libertad? Ahora ya puedes despegar del suelo de la infelicidad, saltar libre de las raíces que te hundían en él … Cuando te canses de saltar, pensarás en algo aún más atrevido: volar …  para ello necesitarás alas, las alas de tus sueños …  pero eso será tema para otra charla …. 






NUESTRO TESORO DENTRO DEL COFRE DE LA ABUNDANCIA


      Cuando reiteradamente nos sentimos insatisfechos con nuestra vida no es una mala noticia. Para sentirnos insatisfechos de nuestra cotidianidad hay que presentir que existe algo mejor. Nuestra mente consciente puede no vislumbrarlo, pero nuestro sentir interior nunca falla: hay una vida mejor esperando que la descubramos.
      Esa vida no puede consistir meramente en satisfacer estados de necesidad del ego, sencillamente porque estos no se terminan de satisfacer nunca, unos llevan a otros en un carrusel sin fin: es el sentido dramático de la vida.
     La vida que anhelamos es la de entregar nuestro tesoro al mundo. Más allá de nuestro ego desempoderado existimos como seres libres, sólo desde esa libertad podemos entender nuestra grandeza. Precisamente esa grandeza es la que hace que poseamos un tesoro que entregar a la vida. Cuando el ego se libera de un número suficiente de creencias limitantes, puede entender todo esto y ser el primero en querer encontrar ese tesoro y entregarlo, pues precisamente eso es lo que puede liberarle de sus estados de necesidad y convertirlo en un ego empoderado.
  
  
      El tesoro aguarda en nuestro interior, sus “piedras preciosas” son nuestros sueños, esos que cuando el ego los conozca le van a encandilar, jugará con su brillo como un niño que descubre algo nuevo y mágico…  deseará enseñar sus joyas a todo el mundo. Cuando comprenda que el “cofre” posee el don de la abundancia -cada vez que das una joya de él aparece otra más hermosa y valiosa- empezará a repartir su tesoro, a entregarlo a la vida … y sentirá una felicidad alada.
     Querido lector, ¿no sientes la presencia de ese tesoro dentro de ti …? ¿No tienes la tentación de abrir el cofre …? ¡Es tuyo!
     ¿Has pensado en hablarles de su tesoro a tus hijos o a tus alumnos o a tus amigos más íntimos …? ¿Qué mejor noticia que comunicarles que son ricos? Puedes pensar que no te van a creer, pero si tú mismo sientes la presencia de tu tesoro, cuando les hables a ellos del suyo lo harás desde la abundancia y … ¿quién se puede resistir a ella …? 

  
  
   

LOS DONES DE LA SONRISA



      Cuando sonreímos de corazón no sólo se nos ilumina el rostro, también nuestra mirada es luz, adquiere sus propiedades y es capaz de penetrar las más oscuras tinieblas, diluyendo cualquier miedo.
      Mientras seamos capaces de sonreír nada nos puede hacer daño, porque más allá de lo que estemos pensando contamos con el poder de nuestro corazón.  Cuando nos vean sonreír donde los otros se quejan sabrán que ninguna realidad exterior nos puede dominar, y se preguntarán que cuál es nuestro secreto.
  
       
      El secreto de poder sonreír siempre es sentirnos unidos a nuestra esencia, sabemos que ella es una fuente inagotable de luz y que es nuestra auténtica identidad. Si alguna vez dudamos de ello nos bastará buscar la sonrisa de un niño y dejarnos bañar en ella, automáticamente nuestra propia inocencia nos llevará de la mano hacia nuestra sonrisa salvadora.
       Cuando la densidad de nuestros problemas haga plomo nuestros pensamientos es el momento de subirnos en el globo de nuestra sonrisa, poco a poco, iremos reconociendo el lastre que nos ata a un territorio que no deseamos, y podremos dejarlo caer, ganando así la altura desde la cual nuestra inteligencia pueda tener la suficiente perspectiva para sernos útil.
    Si discrepamos de alguien y no sabemos cómo decírselo para que no se enfade, el poder de la sonrisa vuelve a ser nuestro mejor aliado; nos resultará mucho más eficaz y sobre todo auténtico que el empleo de mil justificaciones.
   En el momento de despedir a un ser querido cualquier palabra o silencio quedará iluminado por nuestra sonrisa, y podremos darle lo más necesario en el trance de la muerte: luz y compañía.
   Si después de un telediario dudamos de nuestra propia humanidad, substituyamos la pantalla del televisor por un espejo y contemplémonos a la luz de nuestra sonrisa … volveremos a confiar en la belleza del ser humano.
    Querido lector, si alguna vez entras en el pozo de la desesperación recuerda los dones de tu sonrisa, mira hacia arriba e impúlsate con su luz … ninguna fuerza de gravedad puede oponerse a su poder.