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NO PODEMOS SER LIBRES NI AUTÉNTICOS SIN LIBRARNOS DE NUESTRAS IDENTIDADES IMPUESTAS

 

   Sin un proceso de autoconocimiento, capaz de liberarnos de las identidades impuestas por los clanes que nos han acogido en nuestro crecimiento, estamos condenados a vivir según lo que creemos ser, en lugar de ser nosotros mismos. 

    Un autoconocimiento, que nos ayude a liberarnos de las identidades que nos atan a los clanes y nos desnude a nuestra propia identidad, es imprescindible para poder empoderarnos, es decir, para vivir libremente desde nuestra autenticidad: no podemos ser libres ni auténticos sin librarnos de nuestras identidades impuestas.


Cuando nacemos sin saber quiénes somos nuestros clanes familiar y cultural nos envuelven con sus identidades, encadenándonos así a creencias que nos definen. Cuando nuestro crecimiento personal alcanza cierto grado reconocemos las cadenas de nuestras identidades impuestas, y podemos por fin ser capaces de romperlas para conseguir así vivir como astros con luz propia.


DESPEGÁNDONOS DE LA TIERRA DE LA INFELICIDAD


        La idea de progreso es relativa a nuestras creencias de lo que nos conviene. Así hay personas que piensan que aumentar el consumo es caminar hacia la abundancia, para otras es todo lo contrario. Primero definimos las reglas del juego, luego nos olvidamos que es un juego y finalmente quedamos atrapados en él, en nuestras propias normas. Entonces, empujados por la dualidad y sus juicios, buscamos culpables, iniciando un círculo vicioso: el drama está servido.
        Buscar la salida a la crisis sin revelar las reglas del juego en la que nos hemos quedado atrapados es condenarnos a seguir echándonos las culpas. Claro que en nuestra educación nadie nos habló de que había unas reglas que aceptamos sin ser conscientes: los libros, las asignaturas, el entorno … nos susurraban constantemente “esto es lo que hay”. Para rematarlo aceptamos aquello de “adaptarse al medio”, pues nos venía de manos de las poderosas creencias científicas, revestidas de verdades y de progreso.
        Está claro que no éramos conscientes, pero ahora, querido lector, ya lo somos. ¿Vamos a seguir jugando a lo mismo o empezamos a cambiar las “reglas” …? No hay que esperar a que nadie nos dé permiso, ni que empiecen otros. ¿Qué te parece comenzar por examinar las reglas que tú mismo te has impuesto y que hoy mismo ibas a seguir al pié de la letra …? Mientras vas para el trabajo, o estás en el cuarto de baño, puedes empezar a enumerarlas. Sí, ya sé que dirás que no puedes incumplir la mayoría, porque eso te privaría de cosas “necesarias, “imprescindibles”, pero ahora viene el plato fuerte: detrás de esas cosas irrenunciables hay más normas que te has impuesto, normas más difíciles de ver, más subterráneas … que son las raíces que te mantienen pegado a una “tierra” en la que no eres feliz. Atrévete a mirarlas, sin juzgarte, pues eso te ataría más a ese suelo … sonríe, disfruta como un científico que está realizando el descubrimiento de su vida, disfrútalo.


      Una vez hayas reconocido tus “raíces ” tira de ellas con la inocencia del niño, con la intrepidez y atrevimiento del adolescente, con la experiencia del adulto y con la visión integradora de la vejez. Con tan grandes sabidurías y con el poder de tu corazón ¿quién o qué puede oponerse a tu libertad? Ahora ya puedes despegar del suelo de la infelicidad, saltar libre de las raíces que te hundían en él … Cuando te canses de saltar, pensarás en algo aún más atrevido: volar …  para ello necesitarás alas, las alas de tus sueños …  pero eso será tema para otra charla ….