LIBERARNOS DE LA PROPIEDAD DEL DINERO

          

    Si empezásemos a pensar y a sentir al dinero de la misma manera que lo hacemos con el aire, como algo que no pertenece a nadie y sirve a todos ... ¿cuáles serían las consecuencias ...? 



     Imaginémoslo con un pago que tengamos que hacer, sintamos que el billete que ponemos en otras manos no nos pertenece, ni tampoco a la persona que le llega ... vayamos más lejos, después de haberlo imaginado, con la misma intensidad con la que un niño se cree un personaje cuando juega a serlo, hagámoslo realidad: paguemos con la conciencia de que el dinero no nos pertenece, ni tampoco al que lo recibe. Al final, pagar y cobrar será algo tan natural y accesible como el inspirar y el expirar; ya no desearemos ser ricos, sino sentirnos abundantes.
    Querido lector, ¿te atreves a probarlo hoy? Si lo haces, ya me contarás ... 

 
 


SENTIRNOS UNA OBRA DE ARTE ... PERMITIRNOS BRILLAR


       Cuando en la escuela se nos habla de la historia, del arte, de la ciencia, de la literatura ... se nos presenta a los creadores de la cultura como personas diferentes a nosotros, haciéndonos pensar que son seres con mayores cualidades que las nuestras, Desde pequeños se nos da una visión piramidal de la sociedad, que se enmascara con ideas como igualdad de derechos, democracia, libertad del ciudadano ... Nuestra mirada empieza a construirse de abajo a arriba, por eso cuando vamos a un museo admiramos la maestría del artista reconocido, sin darnos cuenta que el ser que contempla aquel cuadro es, en sí mismo, una obra de arte muchísimo mayor. Entramos así en el absurdo de no percatarnos que cuando sentimos una belleza conmovedora lo podemos hacer precisamente porque ésta forma parte de nuestra esencia.


       Te invito, querido lector, a entrar en un museo y a fijarte en una persona cualquiera que esté absorta mirando una obra de arte. Concentra tu atención, no en la obra, sino en la persona, contémplala como lo que es en realidad: una auténtica obra de arte viva y única. Fíjate en el brillo de sus ojos extasiados y pregúntate si no serán éstos los que embellecen la obra contemplada y no al revés.
       La educación que hemos recibido nos ha apartado de nuestra auténtica belleza, nos ha hecho creer que hay personas más importantes que otras, nos ha hecho ver pequeños para engrandecer a las ideas, las instituciones o los "genios". Nos hemos negado a nosotros mismos como obras de arte, creyendo que la belleza es algo a conquistar fuera, cuando en realidad siempre ha estado en nosotros.
      Te invito, querido lector, a sentir que tu mirada es creadora de belleza, un proyector de tu propia belleza interior ... ¿te parece algo presuntuoso ? ¡En absoluto! ¡Todos tenemos ese poder! El darnos cuenta no nos coloca por encima de quien lo ignora, muy al contrario, nos convierte en mensajeros de una maravillosa noticia.  ¿Qué te parece empezar el día sintiéndote proyector de belleza ... hacer, con tu mirada, de tu entorno algo mágico ...? ¡Pruébalo, fíjate cómo todo  cambia a tu alrededor! ¡Siéntete una obra de arte y muéstrate como tal al mundo!
   




SONRÍE PARA CAMBIAR TUS REGLAS



   Cuando sonreímos de corazón estamos en la sabiduría de la niñez, pues nos situamos más allá de las cadenas del recuerdo doloroso … respirando el aire fresco de la inocencia. El niño interior reconoce la vida como un juego y sabe que puede cambiar sus reglas, diga lo que diga el adulto. Por eso, cuando la experiencia nos deja sin salida podemos escapar del laberinto simplemente iluminando nuestra mente con la luz de una sonrisa, eso sí, que provenga de nuestro corazón donde juega sin cesar nuestro niño.


   Una mente sumergida en la alegría cuenta con el potencial creador del juego, se vuelve liviana y puede escapar de la gravedad del adulto, esa que nos arroja la lapidaria frase de “esto es lo que hay”.
   Puede que todo esto, querido lector, te parezca mera poesía, pero no es así. Encarnar, desde el sentir, al niño interior nos conduce a su sabiduría, desde ella podemos superar la rigidez de nuestros hábitos mentales y sorprendernos a nosotros mismos con otras “reglas del juego”. ¿No te encuentras cansado de jugar a lo mismo …? Pues … ¡no lo hagas! Ve a tu corazón, ábrelo y libera en tu vida a ese niño que nunca murió, porque para él eso de los años también es un juego. Deja que tu cuerpo se impregne de su sabiduría, que tu mente recupere su elasticidad y sobre todo deja que tu vida cese de ser un juego donde tú no pones las reglas. Para comenzar basta que recuperes tu sonrisa de niño, ensáyala en el espejo hasta que sientas esa luz inconfundible de la inocencia… y entonces … ¡cambia tus reglas! 

  
  
  

NUESTRA ESENCIA, LA COMPAÑERA INVISIBLE


     Siempre hay una parte en nosotros a salvo de cualquier sufrimiento, sin ella no podríamos experimentar el sufrir, de la misma manera que el pez no puede verdaderamente saber lo que es el agua sin salir de ella y poder así contrastarla.
     Esa parte a salvo de nuestro ego sufriente guarda nuestra esencia, por eso conectar con lo esencial es la mejor manera de no quedar atrapado en el sufrimiento. 



      El camino hacia nuestra esencia puede ser desde el principio alentado por su aroma, si elegimos dar los pasos guiados por él nuestro andar será de alegría, sin pruebas iniciáticas, sin necesidad de maestros-gurús, sin escaladas peligrosas, sin juicios de valor ... siendo cada paso la prueba de que en realidad nuestra esencia siempre nos ha acompañado.