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NUESTRAS SEMILLAS MÁGICAS


   El futuro que anhelamos es como una semilla: podemos simplemente contemplarla y lamentarnos de que aún no sea el árbol que deseamos o podemos buscar la tierra adecuada, enterrarla y darle los cuidados necesarios. Al igual que una semilla crece siguiendo un plan y tomando los nutrientes de su entorno, un sueño lleva su propio plan y aunque no lo podamos ver se va desplegando siguiendo sus etapas, nutriéndose de personas que aparecen justo en el momento adecuado,  que abren las puertas a las que ni siquiera hemos tenido que llamar.
      El sueño, nuestra semilla de vida, sólo nos pide tres cosas: que la coloquemos en el terreno adecuado, la cuidemos y sobre todo confiemos en su potencial creador.

Todos traemos unas semillas mágicas en las que vive nuestra propia esencia, plantémoslas en la tierra de nuestra vida y permitamos que sus frutos nos alimenten y alimenten a los demás ... son frutos deliciosos, pues llevan el néctar de la alegría de nuestros corazones.

   Querido lector, busca en tu interior las semillas más atrevidas y prepáralas día a día el terreno adecuado, para que tus sueños dejen de ser utopías- sin tierra- y se conviertan en el anuncio de tu grandeza en esta vida. Confía en tus sueños, pues son semillas mágicas que nacieron en tu propio corazón y que esperan  abrirse paso a la vida. ¡Ahh! ... y no te preocupes mucho por el plan para llevarlos a cabo, está escrito en su interior, tan solo tienes que ir descubriéndolo e ir acompañándolo, confía en la fuerza de vida que hay en tus semillas y disfruta de su crecimiento.



LA BALANZA MÁGICA PARA TRASCENDER NUESTRO DOLOR


      Por mucho que nos duela algo siempre hay una parte nuestra a salvo, a la que no puede llegar ningún dolor. La misma lógica nos lo dice: si fuéramos todo dolor no tendríamos contraste para sentirlo. Es como una balanza de dos platos: en uno el dolor. físico o simplemente emocional, en el otro el placer, la felicidad. Cuando el dolor nos supera es porque estamos poniendo más "pesas" en el platillo del sufrir; para compensarlo podemos añadir pesas en el otro. ¿Cómo hacerlo ...? Con el gran poder del ser humano que le recuerda que es más que eso: su imaginación.
      Imaginar es reflejar en nuestra mente y en nuestro sentir la realidad que elijamos. Normalmente nuestra imaginación está limitada por la educación de nuestra cultura y de nuestra familia, traspasar este límite es liberar nuestra imaginación, es el primer paso para empoderar a nuestro ego y liberarnos del sufrimiento causado por el juego de la dualidad.

No tenemos porqué  conformarnos con nuestro dolor ni tampoco entrar en lucha con él, podemos compensar su acción, hasta que desaparezca completamente de nuestros sentidos, liberando mediante nuestra imaginación la alegría que siempre vive en nosotros. Estas "pesas" de felicidad se crean a medida que las usamos, no hay que temer quedarse sin existencias porque manan de una fuente inagotable, descubrir esta fuente es tan sencillo como dejar que nuestro niño interior nos abrace.

      Querido lector, traspasa ahora los límites de tu imaginación condicionada y empieza a poner pesas en el platillo de la felicidad ...  sigue poniendo hasta que el peso del dolor sea tan insignificante que ya no puedas sentirlo. No temas volverte insensible al dolor de los demás, porque liberándote del sufrir naces a un nuevo nivel de compasión, en el que la pena por el otro se trasforma en respeto y admiración por lo que es y por lo que crea. Todo dolor puede ser compensado, siempre que en vez de luchar contra él sepamos poner más pesas en el otro platillo, fácil, sencillo, pero muy diferente al paradigma en el que fuimos educados. Pruébalo, no tienes nada que perder, excepto tu sufrir. Ya me contarás ...

    




SONREÍR BAJO LA LLUVIA DESCUBRE NUESTRO AUTÉNTICO HOGAR

  

   Sonreír bajo la lluvia nos  pone en contacto con la pureza de nuestro corazón; ese lugar de nuestra conciencia en el que no existe ni la culpa ni el juicio, en el que la sabiduría tiene su reino y desde el cual podemos ver a los otros más allá de los personajes que interpretan.


   En muchos lugares podemos sentirnos a gusto, seguros e incluso alegres, pero sólo en nuestro corazón nos sentimos en casa, es el hogar en el que nos reconocemos más allá de los estados de necesidad del ego.
    Como el caracol el ser humano camina siempre con su “casa”, pero lejos de llevarla a cuestas le vuelve más ligero, tanto que es capaz de volar sin alas.
   Cuando entramos en nuestro auténtico hogar no necesitamos identificarnos con ninguna bandera, ni defenderla; cualquier persona es nuestra compatriota, nuestras manos están unidas a las de toda la humanidad, recordándonos que en nuestros sentir más profundo no hay fronteras … y que las diferencias nos hacen ricos a todos cuando en vez de competir por ellas las compartimos.
    Desde nuestra “casa” la historia se reescribe fuera de la dualidad, las victorias y las derrotas  se trascienden, revelándosenos tras los papeles que interpretamos en ellas a los actores que somos.  ¡Qué baje el telón y aplaudamos a los “buenos” y a los “malos”, pues todos fuimos excelentes actores!
    Cuando nos reconocemos en nuestra esencia es como sonreír bajo la lluvia, nos sentimos libres y alegres, sin las cadenas de los papeles que interpretamos bajo el yugo de la dualidad. Nuestros dramas desaparecen como borrados por la misma lluvia, nuestro auténtico hogar se revela ante nosotros …  Querido lector, pruébalo, sonríe bajo la lluvia después de sentir estas palabras … ¡no, no hace falta esperar a que llueva, tienes la varita mágica de tu imaginación ….! ¿Qué te cuesta ponerla en marcha  …? No te preocupes, comienza por probarlo en la ducha, siempre hay un camino para sonreír bajo la lluvia …
  





LAS DOS ALEGRÍAS



            En el corazón tenemos una fuente inagotable e incondicional de alegría, independiente de nuestras experiencias positivas o negativas, inalcanzable para los dramas de nuestra mente ... incluidas las enfermedades.



         La mente también tiene una posible fuente de alegría: el humor. Gracias a ella podemos relativizar todo y, así, conseguir ver el drama desde una altura suficiente como para no quedar atrapado en su laberinto. Pero para que el humor nos traiga alegría inocente y profunda es necesario que esté exento de todo juicio a las personas: podemos reírnos de los papeles que hacemos, pero no de lo actores que los interpretamos. Si queremos que esta alegría además se devenga sabiduría y sensibilidad hemos de conectarla con la de nuestro corazón.
       Querido lector, ¿te apetece conectar las dos alegrías ...? Si lo haces tu risa será indestructible ... y tu mirada mostrará el poder de tu corazón