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LOS TRES GRANDES TESOROS DEL AUTOCONOCIMIENTO
El viaje
hacia nuestra esencia nos concede tres maravillosos dones: el empoderamiento de
nuestro ego, descubrir cómo estamos creando nuestra realidad y la revelación de
nuestros sueños. Con estos tres tesoros la vida se torna felicidad y abundancia ... y los estados de necesidad del ego se trascienden en la generosidad de entregar
sin condiciones nuestras creaciones a la vida.
EN NUESTRA ESENCIA ESTÁ EL PODER PARA LOGRARLO
Muchas veces queriendo
cambiar nuestra vida nos vemos sin fuerzas para hacerlo, cuanto más luchamos
contra lo que nos ata a la vida que no deseamos más débiles nos encontramos, la
sensación de no poder ganar nos va invadiendo y los obstáculos parecen aumentar
de tamaño; los consejos de los demás lejos de ayudarnos nos hacen sentir más
inútiles e impotentes, llegándolos a vivir como reproches. Nos sentimos en un
pozo sin esperanzas de poder salir.
¿Te sientes o te has sentido alguna vez
así, querido lector …? ¿Hay alguna persona cercana a ti que esté viviendo algo
parecido? En tal caso no te preocupes, hay un camino infalible de salida del
pozo para quien desee recorrerlo. Se trata de percatarse que siempre nuestros
miedos están ligados a la pérdida de algo importante para nosotros –una especie
de muerte- y de darnos cuenta de que lo que consideramos importante siempre
deriva de algún tipo de creencia a la que nos atamos. Lo importante es pues
algo relativo aunque lo vivamos como absoluto.
Todo lo que creamos lleva nuestra esencia, pero la hemos
diluido tanto en los estados de necesidad del ego, causados por nuestras
creencias y lo que consideramos importante, que hemos perdido su aroma. Para
recuperarlo hemos de hacer cómo cuando se prepara la esencia de una flor o
planta, hay que destilar, separar lo que es auténticamente nuestro de lo
que no nos pertenece. Examina “tus”
pensamientos limitantes, extrae de ellos la parte de ti que los alimenta, tu
esencia, y ves juntándola, recuperándola, en un cuenco de cristal para que su
transparencia te permita reconocer tu auténtico color. Cuando tengas suficiente
como para dejarte embriagar por su aroma, inspíralo… deja que penetre en todo
tu ser. Una vez hecho, ve a tu corazón y
pregúntale qué tipo de vida es la que realmente deseas. Cuando hayas escuchado
su respuesta ya estarás preparado para crear tus propios pensamientos, serán
muy fáciles de reconocer: su penetrante aroma anunciarán tu presencia en ellos,
ya no estarán al servicio de la vida que no deseas.
Como ves, querido lector, el poder para
cambiar tu vida siempre te ha acompañado, es tu propia esencia, tan solo hay
que destilarla de aquello que no es tuyo.
EL ESPEJO DE NUESTRA PROPIA PUREZA
Cuando
recibimos la mirada limpia de un niño sentimos una gran paz interior, nuestro
corazón se abre y nos muestra nuestra propia pureza: estamos más allá de los
juicios. Durante unos instantes habitamos un paraíso, lo más sorprendente es
que lo sentimos como propio, comprendemos entonces que siempre hay una parte
nuestra viviendo en él, es más, tenemos vagos recuerdos de haber sido sus
creadores …
En la
mirada del niño hemos encontrado el espejo mágico que nos recuerda nuestra
verdadera esencia, quedamos extasiados en él, haciendo del instante una
eternidad, recordando que, por increíble que parezca, también somos creadores
de nuestro tiempo.
Tememos
apartar nuestra mirada de sus ojos, perder el paraíso, volvernos a sumergir en
la dualidad de nuestra vida cotidiana y sus juicios. Pero … hay una solución:
hacer de nuestra mirada la de un niño. Ya hemos reconocido nuestra propia
pureza, ahora sólo hemos de aprender a sostenerla en nuestro discurrir diario.
¿Te parece difícil …? Piensa que siempre puedes recurrir al espejo de nuestra
propia pureza: la mirada de un niño.
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