NACER A NUESTRA PROPIA IDENTIDAD
Ver en el otro un límite a nuestra libertad nos revela hasta que
punto nos hemos encerrado en creencias limitantes sobre nosotros mismos. La
auténtica libertad no es algo que alguien exterior a nosotros nos tenga que
conceder, sino que es fruto de haber alcanzado nuestra propia identidad como
seres únicos.
Cada vez que delegamos nuestra identidad en una creencia atamos nuestra
libertad a ella, este es el motivo de la mayoría de los enfrentamientos entre
seres humanos.
Un
mundo en paz y libertad requiere que cada ser humano sea capaz de nacer a su
propia identidad, sin delegaciones de ningún tipo. Para conseguir esto es
necesario que nos reconozcamos más allá de nuestras creencias y de nuestras
banderas: es el camino hacia el ser humano empoderado.
NACIENDO A LA AMISTAD QUE COMPARTE AROMAS
Hay una
forma en la que dos personas se pueden mirar sin verse… sus ojos apuntan a un
distante horizonte, comparten dos miradas paralelas que no pueden encontrarse
más que en el infinito, precisamente por eso se produce la magia de un
encuentro sin obstáculos, sin expectativas de uno sobre el otro, se sienten más
allá de sus personajes habituales … las palabras enmudecen para dar paso a la
música de sus corazones: se sienten más allá de sus cuerpos, es un encuentro
que llena todo el espacio y que necesita
equilibrar tal maravilla parando el tiempo.
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Fotograma de la película "Eres mi héroe". En esta escena alumno y maestro comparten miradas paralelas |
Es fácil
quedarse in albis mirando un horizonte despejado, la mente se serena, se diluye
en el espacio. Cuando este momento es vivido en comunión por dos personas que
desean encontrase sin límites, sus miradas paralelas penetran sus esencias,
naciendo la amistad más pura y sutil, la que comparte aromas.
Te invito
querido lector a que si tienes problemas con un amigo, eso incluye a pareja e
hijos, lo lleves a mirar un horizonte despejado, y juntos compartáis la magia
de las miradas paralelas en silencio … dejad que éstas penetren vuestros
aromas, más allá de cualquier conflicto … empezaréis a sentiros por vuestros
perfumes, los que os recuerdan la pureza de vuestros corazones … los que os elevan por encima de cualquier
obstáculo que se interponga. ¿Te parece pura fantasía …? Entonces …¿por qué el
imaginarlo te hace sentir tan bien …? ¡Pruébalo! Ya me contarás …
ANDANDO SE HACE HOGAR
Nuestra presencia no requiere de nuestro cuerpo físico, es algo sutil con lo que impregnamos el ambiente y que puede permanece en un lugar aunque nos hayamos marchado. En toda creación hecha desde el corazón dejamos nuestro aroma para siempre, por eso una obra de arte es por naturaleza inmortal.
Convertir un
lugar en íntimo no requiere más que depositar nuestra esencia en él, por eso
podemos convertir el sitio más inhóspito en acogedor. Sin embargo, el palacio
más suntuoso lo sentiremos como frío si nadie ha sido capaz de presenciarlo con
su amor.
Hacer de nuestras
casas un oasis de paz y alegría, en el que nos podamos reconocer cada uno de
los miembros de la familia, es convertirlas en un auténtico lugar de sanación
en el que reponernos de las heridas de la dualidad.
Si cada paso que
andamos en la vida lo llenásemos de
nuestra presencia nos sentiríamos en nuestro hogar en todos los sitios. Una
humanidad en la que todos nos sintiésemos en el hogar no tendría nada que temer
y, por fin, los unos podríamos confiar en los otros sin límites.
¿Qué te parece ir
llenando de tu presencia los lugares más habituales, extendiendo así tu hogar…?
Sería divertido invitar a alguien a sentarse a tu lado en un parque público,
sintiendo que lo estás haciendo en el sofá de tu casa, y hablarle de las
plantas y árboles que os rodeasen como de tu jardín. Ante ti tendrías todo un
mundo para convertir en tu hogar, un hogar que no sólo sería tuyo, sino de
todos los que lo sintiesen como tal.
LA DANZA ENTRE LA IMAGINACIÓN Y EL SENTIR, UNA PUERTA A LA SABIDURÍA
Imaginar
es ver lo invisible al pensamiento, por eso una educación meramente intelectual
nos vuelve ciegos. No se puede vivir la libertad sin imaginación, quedaríamos
atados a los pensamientos que se generan en nuestras creencias y condenados a
visiones inamovibles del mundo.
El
espíritu científico nos aleja del academicismo y fomenta nuestra imaginación,
si enseñásemos en las escuelas a aplicarlo en la propia vida, podríamos hacer
del principio socrático “conócete a ti mismo” un camino hacia la sabiduría,
máxima esencia de un educador.
Una
sociedad sin imaginación no puede ser sabia, por eso el fomentarla en las
escuelas debería de estar por encima de los mismos temarios. Si lo hacemos al
revés, los temarios por encima de la imaginación, estamos creando una cultura de autoridades, en la que el conocimiento nos
aleja de conocernos.
Repetir
meramente las máximas de los “sabios” nos distancia de nuestra propia
sabiduría, es como cambiar la vida por una fotografía de la misma.. El educador ha de crear el
ambiente necesario para que sus hijos y alumnos puedan reconocer su
imaginación, luego ha de enseñarles mediante su propio sentir a dar dirección a
esa imaginación, la danza entre imaginación y sentir estará entonces
abriéndoles la puerta a su propia
sabiduría.
SABER MIRARNOS ES ENRIQUECER EL MUNDO
Nuestra
educación nos ha dicho cómo debemos mirar al mundo sin contar para nada al que
mira. Las “gafas” que cada cultura pone en nuestros ojos otorgan dirección a
nuestras creaciones, dando lugar a las riquezas únicas de cada pueblo, pero
también a sus limitaciones. Esta forma de actuar ha coartado el poder de las
personas como individuos, pues se ha dado prioridad absoluta a que fuesen
súbditos de las creencias, de los mitos, que han configurado las culturas: esas
eran las reglas del juego.
Ahora, se
abre una nueva mirada en la que la creatividad de cada individuo no va a estar
al servicio de una cierta cultura, sino al de su propio corazón. Este centro de
actuación hace que todo lo que se cree esté tanto al servicio del individuo
como al de toda la humanidad: es el poder armonizador del corazón.
Este
nuevo vivir trasciende la dualidad en la que hemos estado sumergidos durante
milenios , abriendo las puertas a una educación para ciudadanos del mundo, en
la que ser humano no es incompatible con ser tú mismo, es más, ser tú mismo se
convierte en la mayor aportación a la humanidad.
Para
lograr este objetivo es necesario que aprendamos a mirarnos, sólo conociéndonos
por dentro seremos capaces de mirar al mundo más allá de las creencias en las
que hemos sido educados y, así, descubrir en cada uno de nosotros ese tesoro
único que nos hace inmensamente feliz entregar a los demás. De la misma forma
que los diversos frutos, en su singularidad, enriquecen a toda la naturaleza,
la entrega de nuestros tesoros personales enriquecerán como nunca a toda la
humanidad.
¿Te
animas a mirarte, a descubrir en ti esos frutos únicos que deleitarán a la
humanidad …? Puedes empezar con unos
pocos minutos diarios de entrenamiento, buscándote un rincón mágico en el que
poder mirarte … en el que poder reconocerte …
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