EL SECRETO DE GARZA BLANCA

Dedicado a Carmen Fernández Molina




En la entrada de la tienda de la anciana Nube Gris , sobre una piedra, resplandecían a la luz del amanecer, un cuarzo transparente, una flor amarilla, una pluma blanca y una flauta; representando cinco reinos de la naturaleza: mineral, vegetal, animal, humano (la construcción de la flauta) y divino (el sonido de la flauta). La música representa la armonía entre todos los reinos.


Todo el poblado sabía que aquel símbolo significaba que la vieja iba a llamar a alguien para revelarle el significado profundo de su nombre. Muchos morían sin que Nube Gris se lo revelase. Aquel acontecimiento ocurría muy pocas veces, y significaba que la persona implicada tenía una misión muy importante en su vida. Esta podía ser pública o secreta, en ambos casos era necesario que el hombre o la mujer hubiese conseguido el dominio de su orgullo: la misión no conlleva recompensa.

El jefe del poblado, como estipulaba el rito, fue a recibir en su corazón el nombre del agraciado. Después, en silencio, fue a buscar a la persona elegida. Durante el camino conservó la pureza de la vibración que había recibido de la anciana, haciendo un vacío en su mente. Cuando estuvo frente a la joven, mirándola fijamente a los ojos, pronunció su nombre: Garza Blanca.

Su apelativo siempre había sido un misterio. Su carácter era altivo y orgulloso, haciendo honor a su nombre; pero a la vez era desprendida y servicial. Cuando alguien necesitaba algo, ella aparecía, como de la nada, como si sus oídos estuviesen siempre allí dónde alguien necesitase su ayuda. Su pelo era rizado, algo inaudito entre sus gentes, su mirada alternaba la dulzura de la tierra, recién humedecida, con el fuego del sol hiriente, sus manos eran blancas, con dedos finos y alargados, y al moverse parecían tocar una melodía en el aire, sus piernas eran fuertes y buscaban una armonía, que lograban al convertirse en unos hermosos pies, que caminaban besando la Madre Tierra.

La joven se vistió totalmente de blanco, y cerró sus ojos para poder abrir su corazón al momento presente. Desde allí se fundió con su pasado y su futuro, siendo una con el universo. Envuelta en una burbuja de vacío, caminó hasta la tienda de Nube Gris. En la entrada tomó el cuarzo, la flor, la pluma y la flauta, y con sus dos manos las situó en su regazo; sintiendo en su interior el misterio que había sido concebido cuando le otorgaron su nombre.

La anciana, como experta partera, esperaba a la joven con un cesto lleno de pétalos, que formaban un mágico arco iris , como símbolo de que la muerte de la flor- el misterio- daba paso a su fruto: la consciencia de su misión particular en la vida.

- Hija, ¿ aceptas la muerte de tu ignorancia ?

- Acepto

- Junta las palmas de tus manos, a la altura de tu pecho, como símbolo de unión entre tu luz y tu sombra. ¿ Aceptas la responsabilidad de tu luz ?

- Acepto

Nube Gris empezó un cántico que, lentamente, fue llenando de luz su rostro e hizo vibrar todos los objetos que habían alrededor, como si estos fuesen instrumentos de una orquesta dirigida por la anciana.

El cántico, logró su objetivo, y una habitación del corazón de la joven, que siempre había permanecido cerrada, se abrió. Un rayo de luz partió de ella, dirigiéndose a la frente de la anciana. Un gran silencio llenó la tienda, el corazón de Nube Gris empezó a emanar luz de todos los colores, y de él partió una bola de luz azul que se paró en su garganta. La anciana tragó saliva y pronunció las palabras: GARZA BLANCA.

En ese momento, una luz se abrió en la frente de la joven y comprendió, más allá de las palabras, su gran misión.
                                 
                          Autor: Carlos González Pérez
                                (La Danza de la Vida)
                                                                         http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com/
                                                                                         arcoirisdan@yahoo.es

EL SECRETO DEL AGUA


  La anciana Nube Gris invitó a su nieto Yuhú a dar el Paseo del Conocimiento. Los muchos años que separaban al nieto de la abuela convergieron, como los lados del camino lo hacían en la mirada infinita de las dos personas que se alejaban del poblado. La tradición abría un sendero de entendimiento entre un corazón lleno de vida y otro pleno de deseos de vivir.


   Nube Gris hizo sentar a Yuhú en el suelo y tomar un puñado de tierra, la arrugada mano acompañó a la joven hasta el corazón del adolescente. La anciana le hizo pronunciar el saludo con el que los hijos daban siempre los buenos días a sus madres y luego, continuo diciendo: Hijo, tu corazón está hecho de esta misma tierra, por eso ella siempre te amará como una madre; en ningún lugar dejarás de pisar su esencia, no te abandonará ni de noche ni de día. Un silencio profundo acompañó, en el camino hacia el centro del amor, a estas palabras.

Los pájaros del bosque con su alegría llamaban a la vida Amor..Las ramas y las hojas de los árboles jugueteaban con las luces del alba . La anciana tomó la mano libre del joven y la dejó besar por la clara luz del sol. Hijo, tu fuerza esta hecha de esta luz, sin ella tu corazón no puede latir, por eso el sol siempre habitará en tu interior, es la fuerza del padre. Dicho esto, comprimió esta mano sobre la primera hasta que Yuhú pudo sentir en ambas los latidos del corazón. En tu mano derecha está la fuerza y en tu izquierda la ternura, en tu corazón un latido es de padre y otro de madre, hijo, busca la sabiduría que te proporcionará el equilibrio, busca en la experiencia la prueba que da la sabiduría. Nube Gris tomó las dos manos del adolescente entre las suyas y depositó un beso, tan lleno de ternura que fue como sentir un aletear de mariposa entre los dedos.

    Las dos figuras se integraron de nuevo en la dinámica del bosque y, caminaron hasta llegar a un pequeño claro dominado por la sombra. En él las gotas del rocío estaban aún en plena vida, y el
 musgo cubría de terciopelo unas piedras sobre las que caían, gota a gota, el agua de un minúsculo manantial.Hijo, ahora escucharás la historia de la tierra, las gotas de agua de este manantial te la contarán. El muchacho se acercó hasta poder escuchar el impacto de las lágrimas de agua sobre las verdes piedras. Tras un largo silencio de palabras el joven dijo: Abuela, no entiendo su lenguaje, me esfuerzo, pero su mensaje no me llega. La anciana llevó las manos de Yuhú al corazón del adolescente. Hijo, no es con los oídos con lo que debes escuchar...

   Una melodía lejana, casi inaudible, empezó a llegar esquivando los propios latidos del corazón. Era como ruido de lluvia, pero no llovía fuera.

- Abuela, ¿qué es esto...?, ¿lo escuchas tú también?

- Lo escuché.

- Siento como si lloviese dentro de mí


- Hijo, aparte de fuego y tierra, tú también eres agua

- Entonces, ¿por qué tengo a veces sed?

- Es la esencia del agua fluir, tal como viene se va.

- ¿Qué sentido tiene algo que no permanece, que huye… podemos confiar en ella?

- El agua guarda un gran secreto...

- Pero si está en todas partes...¿quién va a dar un secreto a algo tan descontrolado?

- El Gran Espíritu, en su inmensa sabiduría, depositó en el agua la historia de la tierra, de todas las tierras…

- Cuéntame, abuela...

-Todos los ríos van a parar al gran mar. Sus aguas han visto, sentido e incluso disuelto en ellas
 mismas el largo camino recorrido tierra adentro. Han sentido la vida vegetal y animal en su seno, han visto tu cara, hijo, reflejada en su superficie. Todo ello lo vuelcan en el gran mar, allí el padre sol le da al agua la fuerza para volar, y en medio del azul del cielo, escucha lo que el aire le dice...

- ¿También el aire me puede hablar?

- Ya sabes lo que hay que hacer... escucha con el corazón. Aparte de fuego, tierra y agua, tú, hijo, también eres aire.

- ¿Dónde está ese aire dentro de mí?

- En tus pulmones y en tus venas.

- Lo escucharé.

- El agua se convierte después en nube…

- En nube gris como tú, abuela.

- Hay nubes para vestir de algodón el cielo, y nubes grises para devolver el agua a la tierra.

- ¿Por qué llevas ese nombre?

- Porque mi misión en la vida es mojar la tierra seca de la ignorancia con la sabiduría que trae el agua, con la historia de todas las tierras.

- Abuela, ¿estás lloviendo sobre mí...?

     La anciana sin decir palabra depositó un beso en la frente de su nieto, con la misma dulzura que la fina lluvia besa la tierra. Los dos emprendieron el camino de regreso .Cuando, desde lo alto de una ladera, pudieron vislumbrar su poblado, Yuhú dijo, frunciendo el ceño, como intentando comprender con toda la fuerza de su mente: Abuela, si quitásemos el fuego, la tierra, el agua y el aire.... ¿qué quedaría?. La anciana, como si estuviese ante un discípulo aventajado, contestó con una pregunta: Hijo mío, ¿qué había en tu corazón antes de poder sentir el fuego, la tierra, el agua y el aire...?

                                                                                          La Danza de la Vida
                                                                              Autor:    Carlos González Pérez
                                                                                             http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com/
                                                                                                    arcoirisdan@yahoo.es