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| ¡Qué importa!, pronunciado desde la miradas del corazón nos libera del drama que nos causó la herida, y deja que ésta se sane de forma natural desde nuestra alegría interior. |
DEL “NO ME IMPORTA” AL “ ¡QUÉ IMPORTA …! “, DE LO FALSO A LO AUTÉNTICO
Para saber si me estoy
autoengañando basta con observar si lo que pienso, siento y actúo son una misma
cosa. Es fácil verlo en los demás: lo que alguien está diciendo no se
corresponde con las emociones que muestran su mirada y en general lo que
expresa su cuerpo. Cuando, por ejemplo, decimos "esto no me importa",
hay que examinar el tono de voz con el que lo pronunciamos, veremos como prácticamente
siempre que decimos esta frase la emoción que le acompaña dice lo contrario:
¿qué sentido tiene poner tanto énfasis en algo que no me importa ...?
Desvelar el autoengaño en nuestras vidas es
un paso fundamental para conocernos: no podemos conocernos desde lo no
auténtico. Para afrontar la verdad sobre lo que realmente sentimos hemos de
quitarnos la venda de los juicios, es decir, hemos de aprender a vernos desde
la inocencia. De alguna manera hay que pasar del "no me importa",
fruto de no admitir lo que sentimos, al "¡qué importa ...! " que
representa la intención de no dramatizar lo vivido, es decir de no juzgarnos
por lo hecho, de no juzgar a los demás por lo que nos han hecho, La primera
expresión no admite la herida, la segunda le quita el poder de herirnos a lo
ocurrido, y si no hemos podido evitar ser heridos se convierte en un bálsamo de
curación.
¿Qué te parece, querido lector, empezar a admitir
lo que te duele, y curarte diciendo desde la inocencia: ¡qué importa! ? Para que la frase sea un bálsamo y sane
nuestra herida hay que pronunciarla desde el poder de la Sabiduría de la
Inocencia, elevándonos por encima del suelo de los juicios. Ensáyala hasta que
seas capaz de pronunciarla como auténtica, hasta que lleve la música de tu
propio corazón ...
HABLAR ILUMINANDO LOS OJOS DE QUIEN TE ESCUCHA
Estamos inmersos en un grandioso instrumento
musical, con infinidad de cuerdas: el aire. Cuando hablamos tenemos la
oportunidad de tocar en él armoniosas melodías
o disonantes ruidos.
Querido lector, te invito a sentir a tus próximas palabras pronunciadas
como una hermosa composición musical: cierra los ojos e imagínate que tocas las
"cuerdas" del aire que te circundan con delicadeza y a la vez
potencia, como si tocases un arpa del tamaño del universo, las palabras que vas
a pronunciar forman parte de una canción que vas a entregar al mundo, es el
regalo de tu aroma . Deja que la música de tu corazón suba hasta tu garganta y
haz de cada palabra pronunciada un paso de tu danza, de tu danza de la vida ...
es una danza única que hace de tus palabras un regalo para todos. Ahora habla
durante un rato, sintiendo que todo el universo es un arpa en la que tocas tu
propia danza, lo que digas ahora es pura poesía.
Practica
esto a solas con asiduidad, cuando te sientas seguro en tu nuevo arte vocal
prueba a hablar a una persona con este sentir cultivado, deja que tus palabras
dancen tu propia melodía ... ¡el
resultado te sorprenderá !.. habrás descubierto una forma de hablar más allá de
los juicios y la dualidad , las personas te escucharán como nunca.. sus ojos
empezarán a brillar como luceros en la noche, iluminados por su belleza
interior que no puede evitar salir a recibir a tus palabras, su mirada se
tornará inocente y tú podrás hablar sin miedo a los juicios ... como si te
dirigieses a un niño ¿No te lo crees ...? Practica y ya me contarás ...
DISTINGUIR EL UNIFORME DE LA PIEL
Cada ser humano es único en su esencia,
aunque buena parte de la educación que recibimos intente uniformarnos. Nuestra
esencia se manifiesta cuando nos quitamos el uniforme y dejamos de ser
"soldados" de batallas que no son las nuestras. ¿Qué sentido tiene
servir a lo que no sentimos ...? ¿Por qué lo seguimos haciendo ...? Preguntas inquietantes que invitan a
distinguir nuestra piel de nuestro uniforme.
Nuestra educación nos hace creer que
quitarnos la ropa es renunciar a nuestra piel, pero la verdad es que sólo
desnudos de lo que no es nuestro sentir podemos reconocernos. Intentar
averiguar quienes somos con el uniforme de nuestra cultura y de nuestro árbol
familiar sólo puede llevar a filosofías laberínticas, que distraen a nuestra
mente de nuestro propio sentir.
¿Qué te parece, querido lector, empezar a
distinguir nuestro uniforme de nuestra piel ...? La intención es el primer
paso, el segundo es crear un tiempo propio para andar este camino, el tercero
es aprender a disfrutarlo, el cuarto ... lo dejo en manos de tu propia
creatividad, ¡felices encuentros en este
caminar hacia tu desnudez!
¡ LA ALEGRÍA ES TUYA !
Podemos andar sobre la vida siguiendo el
ruido de nuestra mente, creando obstáculos frente a nosotros, haciendo de cada
paso un crujido de lamento, de cada mirada un problema … así hasta extenuarnos,
hasta hacer de nuestro caminar un transporte de “cargas”, seremos entonces un
agente dramatizador, una invitación al conflicto. Claro que también existe otra
opción:
Podemos caminar sobre la vida haciendo que nuestra mente cante siguiendo la melodía del corazón. En
este caso seremos como una orquesta que invita a bailar, una invitación a hacer
de la mirada una luz que siembra belleza. Seremos inmune al drama como el agua lo
es a un hachazo, por pura fluidez.
Pensarás, querido lector, que muchas veces no
tienes el cuerpo para ello, pero recuerda que siempre llevas contigo una fuente
de alegría, ¿cómo... no te has dado cuenta de que siempre te acompaña? ¡Sí!, es
fácil de comprobar, basta que busques un niño y le hagas sonreír ... verás como
una alegría inmensa empieza a fluir por
todo tu cuerpo ... ¡No!, esa alegría que sientes no proviene del niño, nota que
surge de tu adentro... es bombeada por tu propio corazón, en él vive la fuente de tu alegría: tu niño interior. Si no me crees
pruébalo hoy mismo, si no te cruzas con ningún niño imagínatelo, pues al fin y
al cabo ¡la alegría es tuya!
DEL PECADO ORIGINAL A LA INOCENCIA PRIMITIVA
Mientras
busquemos culpables de nuestros males no podremos sentirnos creadores de
nuestra vida, por la sencilla razón de que les
estaremos cediendo nuestro poder creador. No juzgar a las personas es
más que un acto de bondad, es un acto de libertad. En el juego de la dualidad
el juicio sobre nosotros mismos y sobre los demás es la fuerza de gravedad que
nos mantiene pegados al suelo de los dramas: más juicio, más peso dramático.
Una nueva vida de auténtica libertad se abre ante quien asume esta realidad y
el compromiso de cambiarla. La excusa de creer que no se tiene tiempo para
acometer este cambio de la realidad propia no es más que una hábil maniobra de
nuestros personajes adictos al drama. No es verdad que nuestros problemas creen
el drama, es nuestra visión dramática de la vida la que crea nuestros
problemas.
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| Ver, sentir, liberados del juicio, es reconocer nuestras alas de libertad |
Querido
lector, ¿qué te parece abandonar el escenario del drama y contemplar la vida
fuera de él …? , ¿qué opinas de aprender a sonreír desde la alegría inocente
del corazón …? , ¿cómo sería tu vida sin las cadenas del autojuicio y del
juicio a los demás … sin tener que
caminar por la pegajosas tierras de la dualidad ?, ¿cuántas cosas podrías crear
en el tiempo que antes dedicabas al absurdo arte de juzgar …?, ¿cómo verías a
tus seres próximos sin juicios …qué nuevas facetas descubrirías en ellos …. y
en ti mismo …? Sería como volver a nacer, pero en vez de con el pecado original
con la inocencia primitiva.
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