¡ SÉ FELIZ, Y BASTA !


    Cuando creemos que un ser querido nos falla entramos en una especie de agujero negro de dramatismo : todo en la persona ofensora nos parece mal, no encontramos en ella ninguna virtud, estamos seguros de que en el fondo siempre ha sido una egoísta ... Todo un programa de victimismo nos succiona: nuestros pensamientos giran como torbellino en un desagüe hacia el centro del agujero negro, en el que nos esperan planes para resarcirnos de la ofensa, en definitiva, para vengarnos.

Todas las "estrellas" que veíamos en la otra persona empiezan a ser devoradas por el dolor que nos autoinfringimos  ante la decepción, los pensamientos adquieren velocidades de vértigo y sólo apuntan en una dirección: somos víctimas no de lo hecho por la otra persona, sino de nuestros propios programas desvalorizantes, la única forma que vemos de recuperar el poder perdido en la relación es el resentimiento. 

   Frente a este automatismo tenemos la posibilidad de una respuesta sabia, que comienza por hacernos conscientes de la situación sin ningún tipo de juicios personales, optando por algo que preserve nuestra felicidad y no acentúe nuestra bilis. Lo que esperamos de alguien nunca ha de hacernos dependientes de su respuesta, hemos de tener un plan B, a priori o a posteriori de lo acaecido, que nos permita seguir sin heridas y reproches.
     Querido lector, te invito a aprovechar el impulso del agujero negro de la decepción para cambiar a una dimensión más allá de los juicios, en la que puedas explorar tu potencial creativo para ser feliz, ¡rebélate, no permitas que la respuesta decepcionante de alguien te decepcione de la vida! No dependas de las decisiones de otros, no hagas de tus expectativas sobre los demás flechas que clavarte tú mismo, en definitiva, no condiciones tu felicidad a las respuestas de los demás, encontrando así excusas para juzgarlos: ¡sé feliz, y basta!
   




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