LA BALANZA MÁGICA PARA TRASCENDER NUESTRO DOLOR


      Por mucho que nos duela algo siempre hay una parte nuestra a salvo, a la que no puede llegar ningún dolor. La misma lógica nos lo dice: si fuéramos todo dolor no tendríamos contraste para sentirlo. Es como una balanza de dos platos: en uno el dolor. físico o simplemente emocional, en el otro el placer, la felicidad. Cuando el dolor nos supera es porque estamos poniendo más "pesas" en el platillo del sufrir; para compensarlo podemos añadir pesas en el otro. ¿Cómo hacerlo ...? Con el gran poder del ser humano que le recuerda que es más que eso: su imaginación.
      Imaginar es reflejar en nuestra mente y en nuestro sentir la realidad que elijamos. Normalmente nuestra imaginación está limitada por la educación de nuestra cultura y de nuestra familia, traspasar este límite es liberar nuestra imaginación, es el primer paso para empoderar a nuestro ego y liberarnos del sufrimiento causado por el juego de la dualidad.

No tenemos porqué  conformarnos con nuestro dolor ni tampoco entrar en lucha con él, podemos compensar su acción, hasta que desaparezca completamente de nuestros sentidos, liberando mediante nuestra imaginación la alegría que siempre vive en nosotros. Estas "pesas" de felicidad se crean a medida que las usamos, no hay que temer quedarse sin existencias porque manan de una fuente inagotable, descubrir esta fuente es tan sencillo como dejar que nuestro niño interior nos abrace.

      Querido lector, traspasa ahora los límites de tu imaginación condicionada y empieza a poner pesas en el platillo de la felicidad ...  sigue poniendo hasta que el peso del dolor sea tan insignificante que ya no puedas sentirlo. No temas volverte insensible al dolor de los demás, porque liberándote del sufrir naces a un nuevo nivel de compasión, en el que la pena por el otro se trasforma en respeto y admiración por lo que es y por lo que crea. Todo dolor puede ser compensado, siempre que en vez de luchar contra él sepamos poner más pesas en el otro platillo, fácil, sencillo, pero muy diferente al paradigma en el que fuimos educados. Pruébalo, no tienes nada que perder, excepto tu sufrir. Ya me contarás ...

    




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